Digo tu nombre como un rezo
y Dios no parece sorprendido.
Él sabe de dolores y del peso
que tiene un corazón partido.
Grito tu nombre como un salmo
de angustia frente a la muerte.
El espíritu no puede estar calmo
si el pan es sólo cuestión de suerte.
Reclamo la justicia con tu nombre
más allá de la ley y el evangelio.
qué necia la alegría de aquel hombre
soñó enterrarte en tu sepelio.
Y Dios que no sale de su asombro
que por creador te conoció primero
me pone la mano sobre el hombro
y me dice recemos juntos compañero.
- 1952-26 de julio-2007
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